lunes, 5 de octubre de 2009

Pròceres y hèroes de nicaragua

Miguel Larreynaga: – Prócer de la Independencia

Don Miguel Larreynaga nació en el ciudad de León el 29 de Septiembre de 1772. Su padre don Joaquín Larreynaga muere antes de su nacimiento y su madre doña Manuela Balmaceda y Silva muere durante el parto. Su abuelo paterno lo adoptó y educó.

Los primeros cuatro años de su niñez transcurrieron en Telica a donde fue llevado por dos tías solteras. Antes de cumplir los cinco años, aprendió las primeras letras en el Convento de la Merced, en el mismo sitio donde se levantó la Universidad Nacional.

En ese mismo convento, concluye sus estudios de primaria y a los diez años de edad (1782) ingresa en el Seminario Conciliar de San Ramón, que era el mejor centro de estudios secundarios. A los dieciocho años era ya profesor de Filosofía y Geometría.

De ahí se marchó a la universidad de San Carlos en Guatemala, donde obtuvo el bachillerato en Derecho Civil y Canónico en 1790.A los 27 años, viene a Nicaragua y es llamado por el Obispo de León para asignarle las cátedras de Retórica y de Filosofía, que imparte en 1799.En 1801 regresó a Guatemala, dejando su biblioteca, de más de tres mil volúmenes, en la Universidad de León y ya nunca retornó a su Patria.

De nuevo en Guatemala adquirió el Título de Licenciado en leyes en 1801. El Lic. Larreynaga fue un servidor público que ocupó posiciones oficiales durante la colonia, en el Gobierno de la República Federal de Centroamérica y en el Imperio Mexicano, a raíz de la anexión de Centroamérica al Imperio de Iturbide. La carrera de Don Miguel Larreynaga en el campo de las letras, las ciencias y el arte de la política es simplemente brillante. Por dondequiera que va, deja los destellos de su luminosa personalidad. “Larreynaga es el alma de las tertulias -dice el Capitán Bustamante- y el que mantiene las ideas de independencia de estos países”.

En 1812 fue electo diputado de las Cortes de Cádiz por la provincia de Nicaragua, cargo que no ocupó por haberse disuelto estas en el mismo año por Fernando VII.

En Febrero de 1818 viaja a España con el propósito de que el Rey le reconozca sus méritos y le nombre en un puesto importante. Larreynaga regresó a Guatemala el 15 de Agosto de 1821, un mes antes de la proclamación de la Independencia y logró plenamente su objetivo: obtuvo del Rey el nombramiento de Oidor Tercero de la Real Audiencia de Guatemala. El 15 de Agosto de 1821, tomó posesión de su tan ambicionada magistratura. Fue en este carácter que Larreynaga asistió, el 15 de Septiembre, a la reunión convocada, precipitadamente, por el Capitán General Gabino Gainza; con el fin de que “auxilie con sus luces” a la Superioridad, según reza la misiva enviada por el Capitán General.

El 15 de Septiembre estaba sentado en la Asamblea, la de los Próceres, que nos darían la emancipación. Cuando uno de los más ilustres próceres, José Cecilio del Valle, parecía conquistar los ánimos para retardar la proclamación de la Independencia, Larreynaga y otros ilustres próceres, en discursos encendidos de pasión y de razones, inclinaron la balanza de la libertad inmediata, en medio de los aplausos del pueblo que llenaba las galerías.

Al producirse la anexión de Centroamérica el Imperio de Iturbide, Larreynaga fue llamado a prestar sus servicios. Durante sus trece años de permanencia en México, desempeñó los cargos de Juez Letrado de hoy Distrito Federal de aquella nación y los de Presidente de la Suprema Corte de Oaxaca; Magistrado de la Real Audiencia de Guanajuato; Asesor Legal del Gobernador de Oaxaca y nuevamente, Magistrado de la Corte Suprema del mismo estado.

En noviembre de 1835, regresa a la ciudad de Guatemala e “inmediatamente, fue visitado, buscado y consultado por los gobernantes y literatos, y por los que no lo eran, pues en él hallaban siempre una biblioteca viviente”. La Universidad de San Carlos le nombre Catedrático de Derecho Civil y después de Retórica y de Economía Política.

Dos circunstancias históricamente comprobadas, confieren al Licenciado Larreynaga su condición de PRÓCER de la Independencia, proclamada en la Ciudad de Guatemala, en el año 1821, a saber:

Su concurrencia como invitado de alta categoría en el engranaje oficial de la Capitanía General de Guatemala a la solemne sesión y su franca intervención y pronunciamiento inmediato de nuestra independencia en aquella memorable fecha.

Su designación honrosa para integrar la “JUNTA CONSULTIVA” de la nueva entidad política, libre e independiente de España, como consta en el Arto. 8 del Acta de Independencia del 15 de Septiembre de 1821.

Don Miguel de Larreynaga falleció el 28 de Abril de 1847, después de haberse consumado el fraccionamiento de la federación Centroamericana.

Don Miguel de Larreynaga es reconocido en los textos de historia “como el prócer por antonomasia” y el único que figura como tal, a nivel internacional.

En la galería de los héroes de la Unión Panamericana, en Washington, figura su noble efigie como ejemplo para la juventud Americana.

PBRO. TOMAS RUIZ : PRÓCER DE LA INDEPENDENCIA

El Dr. Tomas Ruiz, sacerdote indio, prócer de la independencia de Centroamérica ha sido casi olvidado, y la historia no le ha hecho justicia.

Nació el padre Ruiz en Chinandega, el 10 de Enero de 1777 e inicio sus estudios en el Colegio Tridentino de San Ramón en la ciudad de León, culminando estos con honores en la Universidad de San Carlos de Guatemala fue el primer indio puro centroamericano en graduarse con titulo universitario.

Igual que don Miguel Larreynaga, el padre Ruiz fijo su residencia en Guatemala, distinguiéndose por su talento que puso al servicio de la causa de la independencia.

El padre Ruiz encarnó a los curas liberales de la época que recibieron con entusiasmo los movimientos independistas de México encabezados por don Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón.

La participación de Ruiz en el proceso de independencia de Centroamérica se inicio en Diciembre de 1813, en el Convento de Belén, ciudad Antigua, Guatemala, dirigiendo la famosa conspiración conocida como la “Conjura de Belén”. Como consecuencia del involucramiento del padre Ruiz en la conjura, fue capturado la noche del 1° de Diciembre, exactamente un día antes de que se llevara a cabo el plan revolucionario que fracaso por la traición de Pudenciano de la llana.

El padre Ruiz y otros conjurados fueron condenados, unos a la horca y otros a prisión, pero por gestiones de personas influyentes, estas penas no se aplicaron. El padre Ruiz permaneció 5 años en prisión, sufriendo largos períodos de incomunicación, privaciones y desprecios.

Ya libre en 1819 solicitó permiso para trasladarse a la cuidad real de Chiapas en México donde falleció como consecuencia de los vejámenes y torturas recibidas en la cárcel. Tenia entonces 47 años.

Se desconoce donde fue enterrado, pero todos los nicaragüenses estamos en deuda con él y debemos rendirle homenaje como prócer de la independencia.

Enmanuel Mongalo y Rubio

Enmanuel Mongalo fue otro de los protagonistas de la guerra nacional (1855-56), que se cubrió de gloria en la batalla de Rivas entre fuerzas nicaragüenses y los filibusteros de William Walker.

Enmanuel Mongalo nació en Rivas el 21 de Junio de 1834. Sus padres, Bruno Mongalo y Francisca Rubio, fueron honestos y bien acreditados miembros de la sociedad rivense.

Infancia y juventud de Mongalo se deslizan en la paz de la ciudad natal, pero su despierta inteligencia le impulsan hacia más amplios horizontes.

Agotados los estudios que podían ofrecerles los colegios de su departamento y llevado del ansia de emigrar, se embarga para los Estados Unidos. Por ese entonces, el Istmo de Rivas estaba animado por el ir y venir de norteamericanos y europeos que de las costas del Atlántico se trasladaban a California, y Mongalo se sintió también atraído y se marchó a San Francisco.

Pero San Francisco, urbe en formación, poblada de toda laya de gente, centro de vicio y de violencia, no podía retener el espíritu delicado y más bien soñador que inclinado a la actividad. Pronto regresa Mongalo a Nicaragua y en Rivas se dedica al estudio y la enseñanza, y a escribir textos. Su profundo espíritu patriótico comprende, sin duda, la urgente necesidad de cultivar la mente de los niños nicaragüenses y por ellos escoge la abnegada carrera de magisterio para mejor servir a la patria.

En esta quieta labor civilizadora, le sorprende la llegada de los contingentes filibusteros. Han desembarcados en San Juan del Sur y amenazan Rivas. El, que ha huido de California de donde vienen, los conoce muy bien. Son violentos mineros, los ágiles jinetes y expertos rifleros y grandes bebedores. El ha conversado con sus coterráneos de aquella gente y ante su llegada súbita da la voz de alarma y alerta. Pinta a lo vivo sus costumbres, sus caracteres de aventureros, despreciadores de indios y mestizos, e infunde entre sus conciudadanos la voluntad firme de resistir hasta la muerte antes de pasar al dominio de tan despiadados conquistadores.

El calor y la convicción del joven maestro de escuela logran que los hombres de todas las condiciones sociales se presenten voluntarios a empuñar las armas con decisión inquebrantable. El peligro es inminente.

Los invasores han salido de San Juan del Sur y avanzan. Los filibusteros se apoderan de la casa de Don Máximo Espinoza, que se convierte en verdadera fortaleza, donde se parapetan y comienzan a disparar con mortíferos efectos.

Urge una decisión pronta y enérgica para evitar la carnicería que hacen desde la improvisada fortaleza. Los jefes de las tropas nicaragüenses deciden incendiar el edificio, arriesgadísima tarea que solo puede ser llevada a cabo por voluntarios heroicos. El momentos es angustioso, impresionante y grave. Entonces Enmanuel Mongalo se presenta. El soñador, el joven soñador, el joven maestro de escuela desafiará al destino.

Marchó paso a paso, erguido, firme, con la tranquilidad de un espíritu recto, lleno de los sentimientos que anidan en los corazones hidalgos a incendiar el refugio de los filibusteros. Y allí la lumbre se convirtió en llamaradas que se enroscaron en el hoy histórico Mesón y lo hacían quejarse, gemir, crespitar. El Fuego escribía con caracteres infernales en el techo que cobijaba a los bucaneros y les decía con lengua enfurecida y les gritaba con voz de patriotismo que Nicaragua no teme, mientras tenga a sus hijos que la defiendan.

Las llamas eran serpientes dantescas que causaron extraños delirios, visiones de horror a los que juzgaron muy fácil apoderarse de hombres para quiénes a pesar de su juventud, no representaba mucha la existencia al oír el grito de la Patria amenazada.

Vivieron sus compañeros momentos de angustia y de incertidumbre, pensando que allí se detuviera para siempre aquel corazón que cantaba en medio del desastre y reía en medio de los gritos desesperados de los usurpadores y les mostraba, como escudo para la Patria, la rosa viva de su corazón.

Los filibusteros con grandes pérdidas, abandonaron todo; el miedo se apodera de ellos y huyendo a través de las calles, plana de heridos y muertos, se retiran desordenadamente de Rivas. Se había ganado la primera batalla a los invasores. Era el 29 de Junio de 1855.

Murió el 01 de Febrero de 1874 y sus restos reposaron durante muchos años en la Iglesia La Merced de Granada, habiendo sido exhumados y trasladados simbólicamente a la ciudad de Rivas el 29 de Junio de 1970, porque la tumba contenía únicamente sus cenizas las cuales fueron colocadas al pie de un monumento erigido en su memoria, en la calle Mongalo.

El 29 de Junio fue consagrado por el Congreso Nacional de Nicaragua como día del maestro nicaragüense, en homenaje al maestro-héroe.

José Dolores Estrada y vado


El General José Dolores Estrada nació en la ciudad de Nandaime, en el departamento de Granada, el 16 de mayo de 1792.

Sus primeras letras las aprendió en una escuela privada. Por su precaria situación económica, su adolescencia se deslizó en la pequeña finca que poseían sus padres, cooperando en las labores agrícolas y labrando personalmente la tierra. Esto influyó en su fortaleza corporal y contribuyó a la formación de su carácter firme y decidido.

Como descendiente de nuestros valiente caciques, heredó de ellos el valor, coraje y buen criterio, por lo que no se dejaba llevar por exaltadas pasiones.

Su carrera militar no fue improvisada, se inició como soldado raso y fue ascendiendo según sus méritos como todo un militar digno.

Tuvo participación en varios combates que se libraron en pro de nuestra independencia en la ciudad de Granada.

En 1827, figura en la primera guerra detestable y fratricida de Cerda y Arguello, con el grado de Sargento de las tropas argüellistas.

Durante los veinte años posteriores a aquel suceso el Sargento José Dolores Estrada permanece ignorado, como lo estuvo durante sus primeros treinta y cinco años de existencia. En los años 1847 y 1848, nuevamente se le menciona como soldado de las tropas del cabecilla Bernabé Somoza.

El 9 de Agosto de 1851, se le confirió al grado de Capitán. El 5 de Agosto de 1854, fue herido el General Estrada, en la acción de armas libradas entre combatientes nicaragüenses fraticidas, en el camino de Granada a Masaya, como soldado afiliado a la facción legitimista. En el mes de enero de 1855, es ascendido al rango de Teniente Coronel, por sus servicios militares al Partido Legitimista durante las acciones bélicas que tuvieron por escenario la ciudad de Granada, durante el sitio de la ciudad, por las fuerzas democráticas del General Máximo Jerez.

El general José Dolores Estrada fue uno de los protagonistas de la guerra nacional (1855-56), entre los liberales jefeados por Máximo Jerez y los legitimistas que lidereaba el general Tomás Martínez. Estrada pertenecía a esta última facción.

Convencido Jerez de que sus fuerzas no podrían ganar la guerra por si solas, contrató un grupo de filibusteros norteamericanos bajo el mando de William Walker y su lugar teniente Byron Cole.

El verdadero interés de Walker al llegar a Nicaragua, fue apoderarse del país, restablecer la esclavitud y anexar Nicaragua a los estados sureños de los Estados Unidos.

Las necesidades de alimento para sus tropas determinaron, por parte de Walker el envío del Mayor McDonald a expedicionar por los llanos de Ocotal y la Hacienda de San Jacinto, donde se encontraba acantonado el General Estrada. El 5 de Septiembre, se presentó McDonald con una columna, pero fue desastrosamente derrotado por las tropas nicaragüenses, al mando de nuestro Héroe Nacional.

La Batalla de San Jacinto librada el 14 de Septiembre de 1856, entre 120 ó 150 soldados nicaragüenses comandados por el entonces coronel José Dolores Estrada, contra 300 mercenarios estadounidenses bien armados, se resolvió a favor del ejército nacional, por su valentía y amor a la patria, destacándose en el mismo, además del propio Estrada, los oficiales Ignacio Jarquín, Liberato Cisne, José Siero, y el sargento Andrés Castro.

Terminada la Guerra Nacional, llamada justamente Guerra Nacional de Centroamérica, con la capitulación de Walker, el 1 de Mayo de 1857, por mediación del capitán norteamericano Davis, de la fragata Saint Mary, alcanzadas en aguas del puerto de San Juan del Sur, le fue conferido al Coronel Estrada, el grado de General de Brigada, por el gobierno binario de los generales Martínez y Jerez, nombrándolo al mismo tiempo Comandantes de la Guardia de los Supremos Poderes.

Su célebre acción de armas en San Jacinto, le mereció, al poco tiempo de su realización, una medalla de oro que le otorgó el Gobierno de Guatemala y otra el de Costa Rica.

En 1860 ante la última amenaza de Walker a Nicaragua lanzó este llamado:

“Soldados:

Llamado por el Supremo Gobierno para ponerme al mando de vosotros, pudiera haberme excusado por mi avanzada edad e invalidez, pero comprendiendo lo grave del peligro con que está amenazada por los filibusteros nuestra independencia, me consideraría criminal si no tomase parte en su defensa, para la cual me siento con el vigor y la fuerza de un joven.

A tan perentorio llamamiento del Supremo Gobierno, el nombre de la Patria, no podríamos menos que correr presurosos a empuñar el arma; debemos pues, estar listos para acudir a donde nos llame el peligro; acaso a nosotros esté reservada la dicha de dar principio a la campaña y quemar las primeras cebas contra esos salvajes blancos.

Soldados: espero seréis fieles a la causa que vamos a sostener; ella es santa, como que consiste en la defensa de nuestra religión, de nuestras instituciones y del honor y bienestar de nuestras familias.

Por desgracia carezco de conocimiento en el arte de la guerra, pero tengo un corazón que es todo de mi Patria y resuelto estoy a sacrificarlo en sus sacrosantas aras.

En los riesgos y penalidades de la guerra, siempre estará con vosotros y por vosotros nuestro compañero y amigo.

José Dolores Estrada
Comandante de las Fuerzas Expedicionarias

Por causa de índole partidista, el General Estrada se expartió voluntariamente, trasladándose a vivir, durante los años 1863-1864 a las Repúblicas de Honduras y Costa Rica ubicándose en esta última en Liberia y dedicándose al cultivo del tabaco, tal como lo expresa en una de sus cartas en cuyo texto dice: “Haciendo un limpiecito para sembrar unas matas de tabaco”.

Triste destino el del héroe que en otra de sus cartas dice: “yo sé prácticamente, cual es el premio que se da a los que sacrifican por su patria”.

Vuelto a Nicaragua, Estrada prestó sus servicios militares al Gobierno del General Fernando Guzmán, quien, con fecha 1 de julio de 1869, le confirió el grado de General de División, después de nombrarle, el 27 de junio del mismo año, General en Jefe del Ejército Nacional, para evitar una nueva guerra entre hermanos nicaragüenses.

El 12 de agosto de 1869, falleció en la ciudad de Managua a los 77 años, ostentando el rango de general de división y jefe del ejército de Nicaragua, que le había sido otorgado por el Presidente de la República, general Fernando Guzmán.

Antes de transcurrido los seis meses de sus sentida muerte, el Congreso Nacional, por decreto del 4 de Enero de 1870, mandó colocar sobre su tumba una lápida de mármol, con la siguiente inscripción: “Al ilustre General José Dolores Estrada, vencedor de San Jacinto. La Patria agradecida”.

OTROS RECONOCIMIENTOS:

a) “Orden José Dolores Estrada” que es la condecoración más elevada que otorga el Gobierno de la República.

b) Bautizo de la Academia Militar de Nicaragua (Centro Superior de Estudios Militares), con el nombre de general de división José Dolores Estrada Vado.

Varios parques, bustos y escuelas dedicadas a su nombre.

Máximo Jerez


El 11 de Junio de 1818 nació en la ciudad de León el Doctor y General Máximo Jerez. Fueron sus padres don Julio Jerez y doña Vicenta Tellería.

Siendo muy niño trasladándose con sus padres a Costa Rica, como éstos eran pobres y carecían de recursos para sufragar los gastos de su educación, un maestro compresivo del deseo de Jerez de instruirse le prestó facilidades para hacerlo sin costo alguno. Como no podía comprar los libros necesarios, copió por entero un tratado que pertenecía a uno de sus compañeros de estudio.

Obtuvo el título de Abogado en edad temprana. Llegó a dominar el latín y tuvo una ilustración poco común en su tiempo. Espíritu inquieto e idealista, fue abanderado en Nicaragua de los ideales de la Revolución Francesa.

En su juventud estuvo en Europa como Secretario de la Misión Diplomática a cargo del Lic. Francisco Castellón y más tarde acaudilló las guerras civiles en 1854, 1863 y 1869.

Era de carácter impulsivo, se dejaba engañar fácilmente, porque él era incapaz de engañar a nadie. Fue un espejo de honradez personal, pero no supo por freno a los desmanes de sus inferiores.

Como político tuvo gran influencia en los destinos históricos de Nicaragua, como educador lo tuvo mayor. En épocas de exilio sirvió cátedras universitarias en Tegucigalpa y allí lo conceptuaron “como talvez el primer educacionista de Centroamérica”.

En Costa Rica fundó el Liceo de San José, centro de primaria y secundaria, que inició las reformas educacionales de esta República, introduciéndola a las enseñanzas científicas y sacándola de las puras ciencias especulativas.

Murió siendo Ministro de Nicaragua, en Washington, durante la administración conservadora del General Joaquín Zavala, en el año de 1881.

General Tomás Martínez


Tomás Martínez nació en Nagarote, el 21 de diciembre de 1820. Durante su juventud se dedicó al comercio. Viajaba en mulas desde León a Belice por Honduras y Guatemala. En Belice, con trabajo y economía, logró hacer algún capital y se trasladó definitivamente a león, de donde viajaba con frecuencia a El Salvador y a los pueblos de Matagalpa. Entonces no mostraba ningún interés por la política. “La vida privada, el comercio y la minería eran su encanto”.

Cuando estalló la revolución del 54 fue perseguido en León a causa de que sus padres eran originarios de Granada. Entonces aburrido de estar escondido, resolvió alistarse en el ejercito legitimista. Pronto dio muestra de su valor, se le confió una columna destinada a pacificar las Segovias. Con ella escarmentó duramente a los indios de Jinotega, quienes entraban a los pueblos a saquear y cometer asesinatos. Poco a poco fue ascendiendo hasta ser nombrado General en Jefe del Ejército del Septentrión, cuando los nicaragüenses unidos combatían a Walker. El firmó el pacto de unión de los dos partidos y se ganó la voluntad de los principales hombres de tal manera que al finalizar la Guerra Nacional fue electo Presidente de la República con los votos de todos los nicaragüenses, sin distinción de colores políticos.

Terminó la gloriosa Guerra Nacional en 1857, pero con ella terminaron los odios de los partidos. Máximo Jerez y Tomás Martínez se entendieron para salvar a Nicaragua y gobernar juntos un año. (Gobierno Binario).

Martínez recibió el país en el mas desastroso estado; no había ni agricultura, ni relaciones con países extranjeros, no existían ni escuelas, ni institutos, ni universidades. Todo lo destruido por la guerra tenía que rehacerse y todo lo llevó a cabo en diez años de gobierno y paz. Arreglo de límite con Costa Rica, celebró tratados de amistad y comercio con diversas naciones y con ello dio a conocer a Nicaragua; celebró un concordato con la Santa Sede; creó los departamentos de Chinandega y Chontales; estimuló el cultivo de Algodón y del Café, estableció relaciones diplomáticas con Europa.

Fundó un buen número de escuelas para niños y por primera vez en nuestra patria, escuela para niñas en la cabecera del departamento, abrió caminos que favorecieron el comercio, construyó el Puerto de Corinto; ordenó hacer el censo de la República y mando a trazar el mapa de Nicaragua.

Después de una larga enfermedad el General Martínez falleció en León el 12 de marzo de 1873.

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